La recuperación pospandémica debe incluir la economía del cuidado EJINSIGHT

La pandemia de COVID-19 puede haber frenado la economía global en 2020, pero la “economía del cuidado” ha estado trabajando más duro que nunca. Durante mucho tiempo, los economistas y los responsables políticos han ignorado esta parte. Los modelos económicos representan los bienes y servicios vendidos en el mercado y los trabajadores que los producen, obtienen ingresos y pagan impuestos. Pero el trabajo que les permite a estos trabajadores alimentarlos y cuidarlos cuando eran niños y apoyarlos cuando están enfermos es casi invisible en las declaraciones oficiales.

La razón es simple: gran parte del trabajo en la economía del cuidado no se compensa económicamente. El trabajo no remunerado no está incluido en el Sistema de Cuentas Nacionales ni en el PIB. Los economistas que formularon estas métricas se centraron principalmente en el valor de las transacciones de mercado. Esta perspectiva, que ignora las contribuciones sobresalientes, se ha institucionalizado durante mucho tiempo en el análisis económico tradicional. La pandemia ha hecho que sus deficiencias sean imposibles de ignorar por más tiempo.

Desde la década de 1990 se han realizado esfuerzos para abordar la subestimación del trabajo de cuidados por parte de la comunidad. La recopilación de datos sobre el uso del tiempo en más de 90 países de todo el mundo nos ha ayudado a aprender más sobre el trabajo no remunerado, que lo realizan principalmente mujeres. Si bien esta valiosa información se puede utilizar para evaluar una amplia gama de políticas financieras, laborales y sociales, los datos sobre el uso del tiempo se subutilizan en la planificación y el análisis. El sector de la asistencia a menudo no se tiene en cuenta en los instrumentos normativos habituales.

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Pero existen algunas excepciones.

A fines del año pasado, el Ministerio de Economía de Argentina informó que los cuidados no remunerados y el trabajo doméstico representan el 15,9% del PIB, lo que lo convierte en el sector económico más grande, seguido de la industria (13,2%) y el comercio (13%). Si se compensara la gran cantidad de tareas domésticas que se realizan a diario en los hogares argentinos, el sector aportaría 67.400 millones de dólares al PIB del país. Como era de esperar, el departamento descubrió que el 75,7% de las tareas las realizan mujeres que realizan alrededor de 96 millones de horas de tareas domésticas no remuneradas y trabajo de guardería.

El ministerio también analiza cómo ha crecido la importancia económica del sector durante la pandemia. Durante el bloqueo del país, la economía del cuidado ha jugado un papel clave en la sostenibilidad de la sociedad. Si bien la actividad disminuyó en muchos sectores económicos, el volumen del negocio de cuidados aumentó un 5,9%, lo que equivale al 21,8% del PIB. Los padres que trabajan, especialmente las madres, a menudo se ven obligados a renunciar a trabajos remunerados para cuidar de sus hijos o parientes enfermos.

Pero la pandemia ha dejado al descubierto solo la punta del iceberg de la “crisis del cuidado”. Corea del Sur muestra lo que puede suceder cuando los legisladores no dan a la economía del cuidado lo que se merece. Aunque el gobierno ha invertido en servicios de cuidado de niños y cuidados a largo plazo durante las últimas décadas, el gasto sigue siendo insuficiente y las políticas dependen en gran medida del sector privado, donde los trabajadores están mal pagados. En ausencia de una infraestructura eficaz para el cuidado de niños y ancianos de calidad y asequible, las mujeres dedican muchas horas al cuidado de los demás. Y no tienen hijos. Corea del Sur tiene la tasa de natalidad más baja del mundo: solo 0,84 por mujer.

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En Estados Unidos, hay dos modelos de inversión pública en cuidados que vale la pena considerar. El apoyo para el cuidado de niños para familias trabajadoras y un preescolar integral para niños de tres y cuatro años se incluye en el plan presupuestario propuesto de diez años de $ 3.5 billones a medida que avanza en el Congreso, parte de una inversión a largo plazo de $ 726 mil millones en infraestructura social. . Si bien este es un paso en la dirección correcta, un sistema de atención confiable y asequible para las familias trabajadoras debe ir acompañado de empleos bien remunerados y de alta calidad en este sector. El aumento de la financiación no cambiará los problemas estructurales del mercado laboral.

Se puede encontrar un enfoque más holístico en el condado de Multnomah, Oregon, que incluye la ciudad de Portland. El condado está implementando una iniciativa de cuidado llamada Preescolar para Todos en la que un impuesto sobre ingresos altos pagará la educación infantil inclusiva para niños de tres y cuatro años. También aumentaría los salarios de los cuidadores en un esfuerzo por reducir la alta rotación en esta área y promover la prestación de atención de calidad.

Como parte de su recuperación pospandémica, el gobierno de Argentina tiene el mandato de abordar la desigualdad de género a través de un nuevo modelo de política fiscal. Sus esfuerzos por explicar el papel del cuidado en la macroeconomía deberían ser un faro para el resto del mundo. Como dice el viejo refrán, lo que se mide se gestiona. Idear formas de incluir el trabajo de los cuidadores no remunerados en los indicadores, modelos y políticas económicas es esencial para abordar una crisis en evolución, como ha demostrado la pandemia, que afecta no solo a las mujeres, sino a la sociedad en su conjunto.

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Coautora: Maria S. Floro es profesor emérito de economía en American University.

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